La revolución de menstruar en paz
Muchas mujeres hacen su vida normal los días de su sangrado.
Van al gimnasio, salen de paseo con el novio, comen lo que sea, se exponen a lo que sea — y no se les ocurre cuestionarlo.
El feminismo tóxico las convenció de que esforzarse a funcionar “normal”, a pesar de sentir dolor, hinchazón o energía baja, es un atributo positivo. Ignoran las sensaciones presentes en su cuerpo y se desconectan lo más posible de él, casi como si quisieran olvidarse de que están menstruando (para eso sirven los tampones y el ibuprofeno, claro).
Hacer esto viene de una programación subconsciente de no ser suficiente. De desvalorización. De auto-rechazo.
Cuando creo que no soy suficiente, no puedo tomar mi energía y dirigirla con compasión y consciencia a mis necesidades internas, antes que a las expectativas y mandatos externos. Me vuelvo presa de un impulso que me dicta la necesidad ansiosa de probarle al mundo que soy capaz, que un sangrado no me detiene, que soy fuerte y que puedo con todo siempre.
Es momento de cambiar esto.
Es hora de quitarnos la vergüenza de necesitar cosas distintas a las que se nos permite socialmente, y de habitar en paz la vulnerabilidad y la sensibilidad que experimentamos cuando sangramos.
“La desconexión menstrual es una herida colectiva que se manifiesta como dolor, vergüenza y silencio. Romper con ese patrón es un acto espiritual.”
— Lara Owen
Que este texto sea tu permiso de menstruar como si no le debieras tu acción y presencia constante al mundo… porque no se lo debes.
Ser intencionalmente egoísta en tus fases Yin / femeninas (premenstrual y menstrual) es sano. Es sano para ti. Es sano para tu entorno.
Eres suficiente.
Cuando haces, cuando te esfuerzas, cuando te das a otros, cuando logras lo que te propones. Cuando te relajas, cuando no quieres, cuando te retraes del mundo, cuando dejas en pausa tu lista de pendientes.
Eres suficiente.
Dejar la actuación de ‘yo puedo con todo siempre’ no le va a dar motivos a nadie para dejar de quererte.
Pregúntate, desde dónde haces las cosas cuando no te permites honrar tus cambios cíclicos. ¿A quién intentas impresionar?, ¿a quién quieres agradar? ¿a quién quieres convencer de que eres invencible?
Probablemente a ti.
Y sí, es verdad, somos poderosas, pero también somos humanas. Somos chingonas, pero también somos ineptas en ciertos rubros. Somos inteligentes, pero también somos ignorantes en muchas cosas. Y eso está bien, y aceptarlo es hacer espacio para todo lo que eres. Luz y sombra, no sólo lo que es personal o socialmente aceptable.
Es darte espacio para ser todo lo que eres.
Es adueñarte de tu ‘yo completa’ y mandar a la mierda la vergüenza aprendida de un sistema que se beneficia de la inseguridad de las mujeres.
Aprender a descansar — cuando tu cuerpo literalmente poniendo una enorme cantidad de energía para expulsar tejido, sangre y energía — es lo más amable que puedes hacer por ti misma.
Podemos hacer todo cuando menstruamos.
¿Pero a costa de qué?
Es posible hacerlo, mas no es amable.
No es amoroso.
No es sano.
No es sabio.
Por último, mi pregunta para ti es:
¿Qué tipo de relación quieres tener contigo?
Lo contrario a ser amable, es ser hostil. La hostilidad es casi violenta. Ser poco amable es ser “carente de modales” y desconsiderada contigo misma.
Si crees que tienes una relación de amor propio y auto-cuidado real, observa como te tratas cuando menstrúas. Cómo te hablas. Cuánto te exiges.
Dices que quieres una pareja que te valore, que te honre y que te cuide, ¿pero ni siquiera tu sabes tener esa relación contigo? Así no funciona.
La calidad de tus relaciones es un reflejo de la relación que tú misma has cultivado contigo.
Recuperar tu derecho a sangrar en paz es una revolución.
Es un acto de rebeldía y protesta activa ante un sistema que nos condicionó a ser complacientes y ceder ante la hipnosis colectiva de la “mentalidad positiva”.
“Just do It”, “los lunes no se falta” y toda esa mierda.
Pregúntate: lo que hago… ¿lo hago desde el impulso de complacer un mandato imaginario de algo que se espera de mí?… ¿o lo hago porque estoy eligiendo con discernimiento algo que considera mis necesidades y me nutre realmente?
A veces nos empujamos y esforzamos cuando no es momento de hacerlo. Cuando no es lo sano. Cuando no es lo que los cuerpos piden.
No digas que te amas sólo porque el amor propio está de moda.
Demuéstratelo.
Es muy fácil funcionar en automático con los programas inconscientes de auto-exigencia y desconexión que inundan la era moderna.
Salir de los mecanismos que nacen de tu miedo a no ser suficiente es lo difícil.
Confiar que eres valiosa cuando no haces lo que la sociedad espera de ti — es lo difícil.
No me impresiona que te ejercites 6 días de 7.
No me impresiona que pongas a otros antes que a ti.
No me impresiona que le cumplas al mundo aún cuando tienes cólicos y ganas de acostarte.
Siempre estás a tiempo de ser honesta contigo.
Eres completamente capaz de mirarte y ser honesta contigo en cualquier momento y en cualquier punto de tu vida en el que te encuentres.
La evolución es cuestión de consciencia y voluntad.
El primer paso es ver lo que hay que desaprender.
Y en este caso, también hay algo importante que reconocer.
Reconocer que aunque podamos todo; aunque menstruar y empujar sea posible, no siempre es lo más amable.